Fisiología vegetal del cultivo de zarzamora

Comprender la fisiología de la zarzamora es clave para modular su arquitectura de crecimiento, su dinámica fuente–demanda y la eficiencia en el uso de recursos. El sistema de cañas bienales, donde primocañas y floricanas coexisten con estados fenológicos contrastantes, exige un manejo fino de la luz, la relación C/N y las reservas de carbohidratos en corona y raíces, de lo contrario se compromete la inducción floral y la persistencia del huerto, incluso con genotipos de alto potencial.
Esta lógica fisiológica se extiende al control de la transpiración y la conductancia estomática, que determinan la respuesta a estrés hídrico y térmico, afectando síntesis de antocianinas, firmeza y contenido de sólidos solubles, por ello riego, nutrición y poda deben sincronizarse con los pulsos de crecimiento vegetativo y desarrollo reproductivo, maximizando la partición de fotoasimilados hacia fruto comercial.
Procesos fisiológicos
La zarzamora (Rubus spp.), en los sistemas intensivos de México, expresa su potencial productivo solo cuando se comprenden y se manipulan con precisión sus procesos fisiológicos. El manejo agronómico deja de ser una lista de prácticas aisladas y se convierte en una estrategia de regulación del flujo de energía, agua y fotoasimilados dentro de una planta perenne, con arquitectura compleja y una marcada alternancia entre crecimiento vegetativo y reproductivo.
Arquitectura funcional y partición de fotoasimilados
La zarzamora combina una raíz perenne con cañas bienales, donde las cañas de primer año (primocanes) crecen vegetativamente y las de segundo año (floricanes) sostienen la fructificación, este ciclo determina la dinámica de partición de carbohidratos. Durante la fase temprana de los primocanes, las hojas jóvenes actúan primero como sumideros y, al expandirse, se convierten en fuentes activas de fotosintatos, que se redistribuyen hacia ápices en crecimiento, raíces y, en menor medida, hacia reservas en corona y raíces leñosas.
La eficiencia del cultivo depende de la relación entre superficie foliar funcional y carga de frutos, si la densidad de cañas supera el umbral de 10-12 cañas/m lineal en sistemas de alta tecnología, se incrementa el sombreo interno, disminuye la radiación fotosintéticamente activa (PAR) en el estrato medio y se reduce la tasa fotosintética neta por hoja, lo que altera la relación fuente-sumidero y favorece frutos pequeños y con bajo contenido de sólidos solubles. Por ello, la poda y el manejo de la arquitectura no solo ordenan el cultivo, sino que modulan la capacidad de la planta para sostener la demanda de carbohidratos de un sistema de fructificación muy exigente.
En etapas cercanas a floración y cuajado, los sumideros se reordenan, los botones florales, flores y frutos recién cuajados compiten con primocanes en crecimiento y con el sistema radical, lo que explica que un exceso de vigor vegetativo reduzca el cuajado efectivo y aumente el aborto de flores y frutos verdes, mientras que un déficit de área foliar funcional por defoliación o estrés hídrico severo disminuye el llenado de frutos y la acumulación de azúcares.
Fotosíntesis, respiración y balance de carbono
La fotosíntesis en zarzamora presenta una respuesta típica de especie C3, con saturación lumínica alrededor de 800-1,000 µmol m⁻² s⁻¹ de PAR en hojas expuestas y una temperatura óptima cercana a 22-26 °C, sin embargo, en regiones productoras de Michoacán y Jalisco se registran con frecuencia temperaturas diurnas de 30-32 °C en invernales, lo que incrementa la fotorrespiración y reduce la eficiencia del uso de la luz. Bajo estas condiciones, la ventilación del dosel, el manejo de la altura de la cortina y la orientación de hileras se convierten en herramientas fisiológicas para disminuir el sobrecalentamiento foliar y mantener un balance de carbono positivo.
La respiración de mantenimiento en raíces, corona y cañas leñosas consume una fracción relevante de los carbohidratos, sobre todo en periodos de alta temperatura nocturna, si las noches se mantienen por encima de 20 °C, la respiración se incrementa, se reducen las reservas y se compromete la brotación y floración de la siguiente temporada, este fenómeno es particularmente crítico en sistemas de producción casi continua, donde la planta tiene pocas ventanas de recuperación de reservas.
El uso de coberturas plásticas, mallas sombra y sistemas de microclima no solo protege contra lluvia o radiación excesiva, también modifica la relación fotosíntesis/respiración, bajo malla al 20-30 %, se reduce el estrés térmico y se mantiene una tasa fotosintética estable en el estrato medio del dosel, lo que mejora la distribución vertical de la actividad fotosintética y la uniformidad de maduración de frutos.
Regulación hídrica y funcionamiento estomático
La zarzamora presenta un sistema radical relativamente superficial, con alta concentración de raíces finas en los primeros 30-40 cm del suelo, lo que la hace muy sensible a fluctuaciones rápidas en la disponibilidad hídrica y en la concentración de oxígeno en la rizosfera. La planta regula su conductancia estomática en respuesta a la humedad del suelo, el déficit de presión de vapor (VPD) y el estado hídrico foliar, cuando el VPD supera 2.0 kPa, se observa un cierre estomático progresivo que limita la fotosíntesis antes de que se manifiesten síntomas visibles de marchitez.
El riego por goteo o microaspersión, con pulsos cortos y frecuentes, busca mantener un potencial hídrico del suelo cercano a la capacidad de campo, evitando tanto el estrés por déficit como la anoxia radical, la eficiencia en el uso del agua (kg de fruto/m³ de agua) depende de sostener una apertura estomática suficiente durante las horas de máxima radiación sin inducir estrés hídrico severo, lo que exige un monitoreo continuo de humedad del suelo y, en sistemas avanzados, de potencial hídrico foliar.
El desbalance hídrico durante el llenado de fruto tiene implicaciones directas en la firmeza y la incidencia de desórdenes fisiológicos, fluctuaciones bruscas de humedad, especialmente tras periodos secos seguidos de riegos abundantes, favorecen el agrietamiento de frutos y la ruptura de células epidérmicas, lo que aumenta la susceptibilidad a Botrytis y reduce la vida de anaquel, de ahí la importancia de un manejo hídrico que priorice la estabilidad más que el volumen total aplicado.
Nutrición mineral y metabolismo de reservas
Los nutrientes minerales no solo sostienen el crecimiento, también modulan procesos fisiológicos clave como la fotosíntesis, la síntesis de pared celular y la resistencia a estrés abiótico, el nitrógeno (N) influye de forma directa en el contenido de clorofila y en la capacidad fotosintética, pero su exceso desplaza el balance hacia un crecimiento vegetativo excesivo, con tejidos más suculentos y susceptibles a patógenos, y con una relación C/N que reduce la acumulación de reservas estructurales.
El potasio (K) es central en la regulación osmótica, la apertura estomática y el transporte de azúcares vía floema, en zarzamora se ha observado que niveles adecuados de K en hoja (1,3-1,8 %) se correlacionan con mayor contenido de sólidos solubles en fruto y mejor firmeza, mientras que deficiencias subclínicas reducen la eficiencia del transporte de fotoasimilados hacia los frutos, generando racimos con frutos desuniformes y “colgados” que no alcanzan calibres comerciales. El calcio (Ca), aunque poco móvil en floema, condiciona la integridad de membranas y paredes celulares, su adecuada disponibilidad en la rizosfera y el balance con K y Mg determinan la resistencia del fruto al colapso celular y a la pudrición poscosecha.
La zarzamora depende fuertemente de sus reservas de carbohidratos y nutrientes perennes para sostener el rebrote de primocanes y la inducción floral, durante el periodo posterior a cosecha, la planta redirige parte de los fotoasimilados hacia raíces y corona, si en esa fase se combina defoliación prematura, estrés hídrico o deficiencias de N y K, las reservas se agotan y la brotación de la siguiente temporada será más débil, con menor número de yemas fértiles. La nutrición, por tanto, debe planearse en función de los flujos de reservas y no solo de la demanda visible del cultivo.
Inducción floral, desarrollo de fruto y señales hormonales
La transición de estado vegetativo a reproductivo en zarzamora está regulada por la interacción entre fotoperiodo, temperatura y estado fisiológico de las cañas, muchas variedades comerciales utilizadas en México muestran un comportamiento de día neutro modificado, donde la temperatura y el manejo de poda tienen un peso mayor que el fotoperiodo estricto, la inducción floral suele ocurrir cuando las cañas han alcanzado cierto grado de madurez y se acumulan suficientes reservas, lo que explica que cañas excesivamente vigorosas, con alto N y sombreo interno, retrasen o reduzcan la floración.
Las fitohormonas coordinan la secuencia de eventos desde la brotación hasta la maduración del fruto, las auxinas y giberelinas favorecen la elongación de primocanes y, en exceso, pueden competir con la diferenciación floral, mientras que las citoquininas promueven la actividad de meristemos y el cuajado de frutos múltiples en cada racimo, durante el desarrollo del fruto, la relación entre auxinas, giberelinas y ácido abscísico (ABA) determina la tasa de crecimiento celular, la acumulación de azúcares y la síntesis de antocianinas.
La maduración de la zarzamora es un proceso altamente coordinado, donde el ABA incrementa su concentración en las etapas finales, activando genes relacionados con la síntesis de pigmentos, la degradación de clorofilas y el ablandamiento de la pared celular, el estrés hídrico moderado en fases específicas puede adelantar la maduración vía aumento de ABA, pero si se intensifica, reduce el tamaño del fruto y la acumulación de azúcares, lo que obliga a un manejo fino del estrés controlado, si se decide utilizarlo como herramienta.
La comprensión de estos procesos fisiológicos permite reinterpretar las prácticas de campo como intervenciones sobre flujos invisibles de energía, agua, nutrientes y señales hormonales, cada decisión de poda, riego o fertilización se traduce en modificaciones en la relación fuente-sumidero, en el balance de carbono y en la estabilidad del sistema radical, y es en esa escala fisiológica donde se define si la zarzamora expresará su potencial productivo y de calidad o quedará limitada por decisiones que ignoraron la biología íntima del cultivo.
Estados fenológicos
La fenología de la zarzamora bajo la escala BBCH permite traducir procesos fisiológicos complejos a un lenguaje operativo para el manejo del cultivo, especialmente en los sistemas intensivos de México, donde la productividad supera con frecuencia las 25–30 t/ha y la precisión en el manejo de reguladores de crecimiento, nutrición y riego se vuelve decisiva. La zarzamora (Rubus spp.), con su hábito perenne y brotación anual de cañas, obliga a pensar la fenología no solo en términos de la planta completa, sino también del ciclo bianual de cada cane: un primer año vegetativo (primocaña) y un segundo año reproductivo (florícaña), lo que añade una capa de complejidad fisiológica a la interpretación de cada código BBCH.
0–1: Brotación, desarrollo de hojas y establecimiento del aparato fotosintético
La fase BBCH 00–09 describe desde la yema latente hasta la brotación visible, momento en que se define la arquitectura inicial de la campaña, ya que la dominancia apical y la relación fuente-demanda se reconfiguran de forma abrupta. En zarzamora de alto rendimiento, la sincronía de brotación condiciona la homogeneidad de floración y cosecha, por lo que el estado BBCH 07–09 (yemas hinchadas, punta verde visible) se vuelve crítico para el uso de cianamida hidrogenada o bioestimulantes que modulan la salida de la dormancia, especialmente en zonas de Michoacán y Jalisco con inviernos de frío marginal.
Con el avance a BBCH 10–19, el desarrollo de hojas determina la capacidad de captura de radiación y la tasa de acumulación de carbohidratos no estructurales, que serán la base de la futura diferenciación floral y del llenado de fruto. La expansión foliar temprana, acompañada de un rápido incremento del área foliar específica, modifica la razón raíz:parte aérea, lo que se refleja en una mayor demanda hídrica y en un aumento del flujo de calcio y boro hacia los tejidos jóvenes, elementos clave para la integridad de membranas y la funcionalidad del meristemo apical. En este punto, la planta establece el balance entre crecimiento vegetativo y preparación reproductiva, balance que el técnico puede ajustar mediante densidad de cañas, manejo de despunte y suministro de nitrógeno.
3–5: Crecimiento de brotes, inducción y diferenciación floral
La fase BBCH 30–39 corresponde al crecimiento activo de brotes, donde las primocañas definen su longitud y grosor, parámetros fuertemente correlacionados con la capacidad productiva del ciclo siguiente. Desde el punto de vista fisiológico, el flujo de auxinas desde las puntas en crecimiento mantiene la dominancia apical, inhibiendo yemas laterales y modulando la distribución de asimilados, de modo que la decisión de despuntar en BBCH 33–35 (brotes con varios laterales visibles) no solo es un acto de manejo de arquitectura, sino una intervención directa sobre el gradiente hormonal que regula la futura carga floral. En sistemas mexicanos de alta densidad (más de 12.000 cañas/ha), el control de este gradiente es decisivo para evitar sombreamiento excesivo y mejorar la penetración de luz en el dosel.
En paralelo, la inducción floral ocurre generalmente bajo condiciones de días cortos y temperaturas moderadas, antes de que la escala visual BBCH registre cambios evidentes en las yemas, lo que obliga a interpretar la fenología no solo por morfología externa, sino por el contexto climático y el historial de la planta. La transición a BBCH 50–59 (inflorescencias visibles, botones florales en expansión) marca el paso de una fisiología dominada por el crecimiento vegetativo a una fisiología orientada a la reproducción, con un aumento de la síntesis de giberelinas y cambios en la partición de fotoasimilados hacia los meristemos florales. En este estado, la sensibilidad al estrés hídrico y térmico es máxima, ya que cualquier interrupción en el suministro de carbohidratos y en la integridad del tejido meristemático se traduce en aborto de flores o reducción del número de drupéolas por fruto.
La diferenciación floral interna, que precede a BBCH 51–55, depende en gran medida de la disponibilidad de reservas en raíces y corona, acumuladas en el ciclo previo, lo que explica por qué cañas con vigor excesivo pero mal balance de nutrientes (relación N/K desproporcionada) pueden mostrar floraciones abundantes pero poco eficientes, con inflorescencias menos fértiles y frutos de menor tamaño. El técnico que interpreta la fenología solo desde la superficie pierde esta dimensión subterránea, donde la dinámica de almidón y azúcares solubles define el potencial productivo real.
6–7: Floración, fecundación y cuajado como procesos de alta demanda fisiológica
La etapa BBCH 60–69, que abarca desde la apertura de las primeras flores hasta el final de la floración, representa un punto de inflexión fisiológico, ya que la planta redistribuye sus recursos para sostener simultáneamente la floración, el inicio del cuajado y, en muchos casos, el crecimiento residual de brotes. La flor de zarzamora, compuesta por múltiples carpelos que darán lugar a drupéolas individuales, demanda una coordinación precisa entre polinización, crecimiento del tubo polínico y fecundación, procesos altamente sensibles a la temperatura, la humedad relativa y la disponibilidad de boro y calcio en los tejidos florales. Una deficiencia transitoria en estos elementos durante BBCH 63–65 (floración plena) se traduce en drupéolas abortadas y frutos deformes, fenómeno frecuente en lotes con suelos ácidos sin corrección o con riegos irregulares.
El cuajado efectivo, que se consolida en la transición a BBCH 70–79, depende de la integridad fisiológica de cada ovario fecundado, de modo que el fruto final es un mapa visible de la eficiencia de los procesos ocurridos días antes, cuando el técnico quizá solo observaba “buena floración”. En esta fase, la planta reorienta la partición de asimilados hacia los frutos en crecimiento, que se convierten en sumideros prioritarios, desplazando parcialmente a hojas jóvenes y brotes secundarios, lo que se refleja en cambios en la relación C/N y en la actividad de enzimas clave del metabolismo de azúcares, como la sacarosa sintasa y las invertasas. Si el suministro de nitrógeno se mantiene alto en BBCH 71–75, se favorece el crecimiento vegetativo en detrimento del llenado de fruto, generando frutos menos firmes y con menor concentración de sólidos solubles.
La fisiología de la floración y el cuajado en zarzamora mexicana se ve además modulada por el uso de reguladores de crecimiento que adelantan o sincronizan la floración, especialmente en sistemas de producción contraestación, donde se busca coincidir la oferta con ventanas de mejor precio. Estos manejos alteran la fenología “natural” y obligan a reinterpretar la escala BBCH a la luz de un calendario desplazado, pero la lógica fisiológica permanece: cada estado fenológico representa una ventana de sensibilidad específica a nutrientes, agua, temperatura y carga hormonal.
8–9: Crecimiento, maduración del fruto y retorno a la fase de reserva
En BBCH 80–89, el fruto entra en su fase de crecimiento y maduración, proceso dominado por la expansión celular, la acumulación de azúcares y la síntesis de compuestos fenólicos y antocianinas, responsables del color y parte de la capacidad antioxidante de la zarzamora. Durante BBCH 81–85, el fruto verde actúa como sumidero intenso de potasio, elemento esencial para el transporte de azúcares vía floema y para la regulación osmótica de las células en expansión, por lo que deficiencias de K se manifiestan en frutos pequeños, con baja firmeza y menor vida de anaquel. A medida que el fruto entra en envero y avanza hacia BBCH 87–89 (madurez de cosecha), se producen cambios en la actividad de etileno y en la expresión de genes relacionados con la degradación de pared celular, lo que explica la rápida pérdida de firmeza si no se ajustan riego y nutrición para evitar excesos de agua y nitrógeno en esta etapa.
El final del ciclo visible del fruto no implica un reposo fisiológico inmediato, ya que la planta entra en una fase de recuperación y almacenamiento de reservas, que se alinea con BBCH 91–99 en la escala de senescencia y latencia. En este periodo, la fotosíntesis de las hojas remanentes alimenta la reposición de almidón y azúcares en raíces, corona y bases de cañas, lo que condiciona la brotación y floración del siguiente ciclo, de modo que una defoliación prematura por enfermedades como roya o tizón de la caña reduce la capacidad de la planta para enfrentar el invierno y limita el potencial productivo subsecuente. La decisión de mantener o eliminar cañas viejas, el momento de aplicar podas severas y la estrategia de fertilización postcosecha deben leerse a la luz de estos estados fenológicos tardíos, donde la planta, lejos de estar “en descanso”, reorganiza su economía interna.
La comprensión detallada de los estados fenológicos BBCH en zarzamora permite al profesional agrícola articular decisiones de manejo con los procesos fisiológicos subyacentes, desde la salida de la dormancia hasta la acumulación de reservas, integrando en una misma lógica la dinámica de cañas, hojas, flores, frutos y raíces. Este enfoque fenológico-fisiológico se vuelve especialmente relevante en los sistemas mexicanos de alta tecnificación, donde pequeñas variaciones en el momento de intervenir pueden traducirse en diferencias significativas en rendimiento, calidad y vida de anaquel, y donde la zarzamora, con su compleja biología perenne, responde con precisión a quien sabe leer su calendario interno.
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