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    Análisis de la producción de zarzamora en México durante 2023-2025

    La producción mexicana de zarzamora mostró una trayectoria expansiva entre 2023 y 2025, aunque el ritmo cambió de manera importante a lo largo del periodo. El volumen nacional pasó de 238,122 toneladas en 2023 a 270,833 toneladas en 2024 y alcanzó 275,963 toneladas en 2025. El crecimiento acumulado fue de 15.9%, apoyado tanto por una mayor superficie cosechada como por una mejora moderada de la productividad. Sin embargo, el rasgo estructural más importante del sector no es solamente su crecimiento, sino su extraordinaria concentración geográfica. Michoacán aportó alrededor de nueve de cada diez toneladas en los tres años y, junto con Jalisco, concentró cerca de 97% de la producción nacional en 2025. Dentro de este dominio, Jalisco fue la entidad que más claramente ganó participación, mientras Michoacán siguió creciendo en términos absolutos, aunque cedió poco más de un punto porcentual de cuota nacional.

    El segundo gran hallazgo aparece en la dimensión económica. Entre 2023 y 2024, el aumento de la producción estuvo acompañado por una ligera reducción del precio promedio ponderado, de modo que el valor total creció de forma más moderada. En 2025 ocurrió lo contrario: el volumen apenas avanzó 1.9%, pero el precio promedio nacional se elevó de aproximadamente 22,540 a 33,338 pesos por tonelada, lo que impulsó el valor de la producción hasta cerca de 9,200 millones de pesos, 50.7% por encima de 2024 y 64.8% por encima de 2023. Esto significa que el cierre del periodo estuvo determinado mucho más por valorización que por expansión física. Al mismo tiempo, los resultados estatales muestran rutas competitivas muy distintas: Michoacán combinó crecimiento de superficie y rendimiento; Jalisco creció fundamentalmente mediante expansión territorial; Sinaloa aumentó superficie pero perdió productividad; Puebla retrocedió pese a sembrar más hectáreas; y Sonora apareció en 2025 como una nueva zona productiva de escala todavía limitada.

    Evolución de la producción nacional

    La producción nacional aumentó en 32,711 toneladas entre 2023 y 2024, equivalente a 13.7%, y después agregó solamente 5,129 toneladas en 2025, un crecimiento de 1.9%. El contraste entre ambos años es relevante. La mayor parte de la expansión física ocurrió en 2024, mientras 2025 representó una fase de consolidación del volumen en un nivel cercano a 276 mil toneladas. En el acumulado de los tres años, el incremento fue de 37,841 toneladas.

    Ese crecimiento estuvo altamente concentrado. Michoacán aumentó su producción en 31,172 toneladas entre 2023 y 2025, mientras Jalisco agregó 5,576 toneladas. En conjunto, ambas entidades explican poco más de 97% del incremento neto nacional. Esto confirma que el crecimiento del sector no provino de una diversificación amplia entre múltiples estados, sino principalmente de la expansión de sus dos núcleos productivos dominantes. La aparición de Sonora con 800 toneladas en 2025 amplía marginalmente el mapa, pero todavía no modifica la estructura competitiva del cultivo.

    Distribución geográfica de la producción

    Michoacán produjo 214,706 toneladas en 2023, 242,108 en 2024 y 245,878 en 2025. Su participación nacional pasó de 90.2% a 89.1%, una pérdida relativa pequeña que no cuestiona su liderazgo. Jalisco, en cambio, avanzó de 16,159 a 21,734 toneladas y elevó su participación de 6.8% a 7.9%. El resto de las entidades permaneció muy lejos de estos dos polos. Baja California produjo 2,665 toneladas en 2025; Sinaloa, 2,178; Colima, 1,620; y Sonora, 800 toneladas. Entre las cinco entidades de mayor volumen se concentró 99.3% de la producción de ese año.

    La lectura competitiva es desigual. Jalisco fue el ganador relativo más visible, pues su producción creció 34.5% entre 2023 y 2025 y ganó alrededor de 1.1 puntos porcentuales de participación nacional. Sinaloa elevó su volumen 15.9%, prácticamente al mismo ritmo que el país, por lo que mantuvo una cuota cercana a 0.8%. Baja California y Colima crecieron apenas 3.6% y 3.7%, respectivamente, y perdieron participación. Puebla constituye el retroceso más relevante entre las entidades con presencia significativa: pasó de 799 a 614 toneladas, una caída de 23.2%. Sonora, por su parte, representa una incorporación interesante al mapa productivo, aunque su participación en 2025 fue de apenas 0.3%.

    Dentro de los principales corredores productivos también hubo cambios de posición. Uruapan elevó su producción de 3,218 a 7,500 toneladas entre 2023 y 2025, mientras Tangancícuaro pasó de 3,760 a 6,498 toneladas. En sentido contrario, Peribán permaneció prácticamente estable alrededor de 43 mil toneladas y Tocumbo redujo ligeramente su volumen, de 28,786 a 28,110 toneladas. En Jalisco, Jocotepec fue el motor más evidente: pasó de 4,129 a 8,764 toneladas, más del doble en dos años, aunque ese avance estuvo acompañado por una expansión mucho mayor de superficie y por un rendimiento menor. Esto confirma que incluso dentro de las entidades líderes hay municipios que ganan escala mediante productividad y otros que dependen principalmente de nuevas hectáreas.

    Comportamiento de los ciclos agrícolas

    Toda la producción registrada durante 2023, 2024 y 2025 corresponde a cultivos perennes. Por ello, la evolución nacional no está asociada a un desplazamiento entre ciclos como otoño-invierno o primavera-verano, sino a cambios dentro de una misma estructura productiva permanente. Esta característica da mayor relevancia a variables como superficie establecida, superficie efectivamente cosechada, productividad por hectárea y desempeño de las principales zonas productoras.

    La condición perenne también ayuda a interpretar la desaceleración observada en 2025. El volumen nacional no cayó, pero su crecimiento fue mucho menor que en 2024. En este contexto, el sector parece haber entrado en una etapa en la que la expansión depende menos de movimientos de corto plazo entre ciclos y más de la capacidad de elevar rendimiento, incorporar superficie productiva y aprovechar mejor la ya establecida. La fuerte concentración territorial refuerza esta lectura, porque el comportamiento de unos cuantos municipios tiene capacidad para mover los resultados nacionales.

    Diferencias entre riego y temporal

    El riego domina ampliamente la producción de zarzamora. En 2023 representó 93.1% del volumen nacional; en 2024, 94.1%; y en 2025, 94.1%. La superficie sembrada bajo riego mostró una proporción similar y pasó de 10,686 hectáreas en 2023 a 11,717 hectáreas en 2025. El temporal, en contraste, se mantuvo alrededor de 700 hectáreas y aportó entre 5.9% y 6.9% de la producción nacional.

    Lo más llamativo es que la brecha de rendimiento entre ambas modalidades no es amplia en el agregado. En 2025, el riego produjo 22.60 toneladas por hectárea cosechada y el temporal 23.38 toneladas. Sin embargo, este resultado debe interpretarse dentro de la fuerte concentración del temporal en municipios michoacanos de alta productividad, particularmente Tocumbo. Por tanto, no implica que el temporal sea sistemáticamente más productivo en todas las regiones. En valor económico sí apareció una diferencia notable en 2025: el temporal generó casi 10% del valor nacional con menos de 6% del volumen, asociado a un precio promedio ponderado considerablemente mayor durante ese año.

    Superficie sembrada y superficie cosechada

    La superficie sembrada nacional pasó de 11,414 hectáreas en 2023 a 12,065 en 2024 y 12,434 en 2025, un crecimiento acumulado de 8.9%. La superficie cosechada avanzó más rápido, de 10,885 a 12,185 hectáreas, equivalente a 11.9%. Esta combinación permitió que una parte importante del aumento de producción se apoyara en una mayor utilización efectiva de la superficie disponible.

    La diferencia entre superficie sembrada y cosechada fue de 528 hectáreas en 2023, se redujo drásticamente a 90 hectáreas en 2024 y volvió a ampliarse a 249 hectáreas en 2025. La proporción cosechada sobre sembrada mejoró de 95.4% en 2023 a 99.3% en 2024, para cerrar en 98.0% en 2025. Michoacán explicó la mayor parte de la brecha absoluta en los tres años. Puebla merece atención especial porque en 2025 cosechó solamente 43.35 de sus 55.35 hectáreas sembradas, una relación de 78.3%. Reducir estas diferencias constituye una de las oportunidades más directas para elevar producción sin depender exclusivamente de nuevas plantaciones.

    Rendimiento y productividad por hectárea

    El rendimiento nacional mejoró de 21.88 toneladas por hectárea cosechada en 2023 a 22.62 en 2024 y 22.65 en 2025. El aumento acumulado fue de 3.5%, por lo que el crecimiento de producción descansó principalmente en la expansión de superficie cosechada, aunque la productividad también contribuyó positivamente.

    Michoacán elevó su rendimiento de 23.37 a 24.72 toneladas por hectárea entre 2023 y 2025, un avance de 5.8%, al tiempo que incrementó la superficie sembrada 4.9%. Esa combinación explica su capacidad para seguir aumentando volumen sin una expansión territorial proporcional. Jalisco ofrece el contraste: su superficie creció 34.9% y su producción 34.5%, mientras el rendimiento prácticamente no cambió, al pasar de 15.70 a 15.66 toneladas por hectárea. Su crecimiento fue, por tanto, esencialmente extensivo. Sinaloa muestra una señal de cautela: amplió 37.1% su superficie, pero el rendimiento cayó de 7.00 a 5.92 toneladas por hectárea. Puebla también perdió productividad, de 19.05 a 14.16 toneladas, lo que explica que su volumen descendiera pese al aumento de la superficie sembrada.

    Precios y valor de la producción

    El precio promedio ponderado nacional siguió una trayectoria muy distinta a la producción. En 2023 fue de aproximadamente 23,445 pesos por tonelada y descendió 3.9% en 2024, a 22,540 pesos. Como resultado, aunque la producción creció 13.7%, el valor total aumentó solamente 9.3%, hasta 6,105 millones de pesos. En 2025 el escenario cambió de forma radical: el precio promedio se elevó 47.9%, hasta 33,338 pesos por tonelada, mientras el volumen creció apenas 1.9%. El valor total alcanzó así casi 9,200 millones de pesos.

    Las diferencias regionales son amplias. Baja California registró en 2025 un precio promedio superior a 106 mil pesos por tonelada, muy por encima del promedio nacional, aunque su valor total cayó 25.5% frente a 2023 debido a la reducción del precio respecto a aquel año. Sinaloa mostró el movimiento opuesto: su precio promedio aumentó hasta cerca de 58,699 pesos por tonelada y su valor alcanzó 127.8 millones de pesos. Michoacán generó 7,895 millones de pesos en 2025, equivalentes a 85.8% del valor nacional. La conclusión económica del periodo es contundente: el gran salto de 2025 provino del precio, no de un crecimiento equivalente de la oferta física.

    La capital nacional del zarzamora

    Los Reyes, Michoacán, es el municipio que concentra con mayor claridad el liderazgo nacional. Produjo 77,430 toneladas en 2023, aumentó a 88,970 en 2024 y se mantuvo prácticamente estable en 88,914 toneladas durante 2025. Ese último volumen representó 32.2% de toda la producción mexicana y 36.2% de la producción michoacana. Ningún otro municipio se aproxima a esa escala: Peribán produjo 43,163 toneladas en 2025 y Tocumbo 28,110.

    El liderazgo de Los Reyes no depende solamente de superficie. En 2025 sembró 3,127 hectáreas y cosechó 3,068, aproximadamente una cuarta parte de la superficie nacional, pero generó casi un tercio del volumen gracias a un rendimiento de 28.98 toneladas por hectárea. Entre 2023 y 2025 su producción creció 14.8%, mientras su superficie sembrada aumentó solamente 1.9%; la diferencia provino principalmente de una mejora del rendimiento, que pasó de 25.30 a prácticamente 28.98 toneladas por hectárea. Su valor de producción alcanzó 3,173 millones de pesos en 2025, 34.5% del total nacional. Este desempeño justifica considerarlo el centro productivo más importante de la zarzamora mexicana.

    Tendencias y desafíos del sector

    El periodo 2023-2025 muestra un sector en crecimiento, pero con una estructura altamente concentrada y con diferencias importantes en la calidad de ese crecimiento. La expansión nacional fue sólida en términos acumulados, pero perdió velocidad en 2025. Michoacán mantuvo el liderazgo mediante una combinación favorable de superficie y productividad, mientras Jalisco ganó terreno con una expansión rápida del área. El siguiente desafío para Jalisco es convertir esa mayor escala en mejores rendimientos; de hacerlo, podría continuar aumentando su participación sin necesitar el mismo ritmo de incorporación de hectáreas.

    En las regiones secundarias, el principal reto es evitar que la expansión de superficie ocurra sin productividad. Sinaloa es el ejemplo más claro: más hectáreas generaron más volumen, pero con un rendimiento menor. Puebla enfrenta un problema más severo, porque combina menor rendimiento, menor producción y una brecha creciente entre superficie sembrada y cosechada. En Michoacán, la oportunidad está en sostener los altos rendimientos y disminuir la superficie no cosechada que reapareció en 2025.

    También existe un cambio en la lógica económica del cultivo. El fuerte aumento del valor durante 2025 demuestra que la rentabilidad potencial del sector puede moverse con mucha mayor velocidad que la producción física. Sin embargo, las diferencias de precios entre estados y municipios son suficientemente grandes como para que el crecimiento del valor no sea homogéneo. El sector llega a 2025 con mayor producción, más superficie, un rendimiento nacional ligeramente superior y un valor económico extraordinariamente mayor que dos años antes, pero su competitividad futura dependerá de que el crecimiento se apoye cada vez más en productividad y aprovechamiento efectivo de la superficie, y no solamente en expansión territorial.

    Fuente de la información

    Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025